Escritora, investigadora y eterna estudiante.
Siempre traté de atender mis procesos.
He vivido cambios profundos que me han llevado a preguntarme varias veces de qué va realmente todo esto, qué hay tras todo lo que cambia.
Me he identificado con muchas versiones de mí misma, defendiéndolas como reales, fuente de profundos combates internos y, en ocasiones, también conflictos con otros.
Nunca cerré los ojos al dolor, ni a la alegría. Pero mi forma de transitar las distintas etapas de mi vida me hizo desear conocer las formas de pensamiento que desde la antigüedad han orientado la búsqueda ante el sufrimiento.
Tardé años en dar con las preguntas adecuadas. Sigo estudiando, creo que lo haré siempre…
He investigado las raíces de la filosofía, la psicología, la metafísica. Me sumergí en las tradiciones que llevan siglos señalando algo que no está en la superficie:
He tratado de poner todos esos conocimientos en práctica, cuidando de que en mi camino, no se redujeran a una serie de teorías que estudiar. Porque para mí el fin no era acumular información, sino descubrir en mi propia experiencia lo que somos, sin filtros.
El conocimiento más importante para el ser humano se esconde tras el ruido que nos ensordece y la forma de «realidad» que impera en estos tiempos.
Nuestra esencia no se encuentra, se reconecta. No se aprende, se despierta. No se estudia, se integra.
Mi enfoque es humanista en el sentido clásico: el ser humano y su desarrollo integral son el foco de mi trabajo, pero no aislados, sino entendidos dentro de las leyes que rigen la existencia.
Creo que tenemos la responsabilidad radical de hacernos Conscientes —de despertar—, y que esa transformación de la Conciencia es el propósito más profundo del ser humano.
No pretendo, ni puedo, ni debería nunca ofrecer respuestas, pero sí inspirar preguntas…
Porque el camino del autoconocimiento real no es lo que venden, no es paz y amor y luz. Es confrontación con lo que no quieres ver. Es desprenderte de quien pensabas que eras. Es dolor que transforma. Y es trabajo que nadie puede hacer por ti.
Si estás dispuesto a mirar lo que duele, a cuestionar lo incuestionable, a dejar morir a quien crees ser… entonces estás listo para comenzar.
Si buscas validación o respuestas cómodas, este no es tu lugar.